Opinión: El COVID-19 y la polución del aire, a propósito de las tasas de letalidad

Por Paulo Salinas, académico Instituto de Biología PUCV

Lo que ocurre en la Región de La Araucanía y el COVID-19 no es casualidad. La conurbanización Temuco-Padre las Casas ha presentado episodios dramáticos de contaminación del aire, siendo declarada en los últimos años como zona saturada por presentar niveles de material particulado suspendido en el aire que exceden los recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Un aspecto importante a considerar es que a la fecha de redacción de esta columna, la región presenta un 2.58% de letalidad, el mayor índice registrado en el país referente al contagio del SARS-CoV-2. Solo para comparar la Región Metropolitana presenta un 1.2% (MINSAL). De acuerdo a estos antecedentes es posible hipotetizar respecto al probable rol de la polución del aire en la tasa de letalidad observada en las dos comunas, e inferir los efectos directos en el cuerpo humano del particular, característico y predominante tipo de material particulado suspendido en el aire: el humo de leña.

La contaminación por humo de leña (humedad superior al 25%) producida por la calefacción residencial es un problema grave que afecta no tan solo a Temuco y Padre Las Casas, sino que a gran parte del centro-sur de Chile.

Los datos recopilados en el World Air Quality Report (IQAir AirVisual, 2018), un ranking interactivo de las ciudades más contaminadas del mundo, revelaron el estado de la contaminación del aire por MP2.5 en Chile, el cual fue particularmente desolador para Temuco y Padre Las Casas rankeándolas dentro de las cinco ciudades más contaminada de América del Sur, triste galardón que se repitió para Padre Las Casas el 2019. Si bien es cierto que Chile posee una capacidad de monitoreo ambiental más robusta que otros países latinoamericanos, no deja de ser preocupante que varias ciudades nacionales estén incluidas en el top ten del ranking de las mas contaminadas del continente.

Los antecedentes que afirman que los niveles elevados de polución del aire están relacionados con una amplia gama de impactos adversos para la salud, como enfermedades respiratorias son contundentes. La evidencia indica que los pacientes con COVID-19 desarrollan dificultad respiratoria y otras complicaciones, suelen padecer insuficiencia respiratoria asociada a una alta carga inflamatoria que induce inflamación vascular y fallas de otros sistemas vitales. Causa neumonía viral con manifestaciones extrapulmonares adicionales y complicaciones, incluido el Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda, con una tasa de mortalidad de 25% – 45% asociado a comorbilidades tales como hipertensión, diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares. Considerar que, en Chile, el perfil de los fallecidos por COVID-19 son adultos mayores con alguna enfermedad de base.

Respecto a los estudios de polución del aire y COVID-19, la evidencia observada en Asia y Europa sugiere que la exposición a polución del aire podría ser un factor clave que hace que las personas sean más propensas a morir si lo contraen. En Chile, los aspectos epidemiológicos locales aún son prematuros de analizar, sin embargo, lo observado particularmente en La Araucanía tienden a confirmar lo reportado en Asia y Europa. Un estudio europeo publicado en Science of the Total Environment, analizó datos de muertes por COVID-19 en 66 regiones de Italia, España, Francia y Alemania, y concluyó que el 78% de ellas se concentraron en las cinco regiones con mayores índices de polución ambiental del aire. La diferencia con la situación observada en La Araucanía es que la principal fuente de emisión de material particulado fue la combustión de petróleo emitido por vehículos motorizados o industrias.

De acuerdo al Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (MMA) esta última semana Temuco y Padre Las Casas han presentado concentraciones de MP2.5en el aire de 32,42µg/m3y 46.28 µg/m3, respectivamente, lejos del límite compatible con la salud recomendado por la Organización Mundial de la Salud (MP2.5: 25µg/m3). Lo realmente preocupante es que un estudio de la prestigiosa Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard afirmó que un aumento de solo 1µg/m3en MP2.5 se asocia con un aumento del 15% en la tasa de mortalidad de COVID-19.

Este mismo estudio sugiere que un ligero aumento en la exposición a la polución del aire a largo plazo podría tener serias consecuencias relacionadas con el contagio del SARS-CoV-2, incluso teniendo en cuenta otros factores como las tasas de tabaquismo, enfermedad cardiovascular y obesidad, presentaciones clínicas en el top de nuestros indicadores nacionales de muerte.

Lo realmente preocupante es que un estudio de la prestigiosa Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard afirmó que un aumento de solo 1µg/m3 en MP2.5 se asocia con un aumento del 15% en la tasa de mortalidad de COVID-19.

Algunas preguntas preguntas de investigación posible de plantear son: ¿cómo se comportará el SARS-CoV-2 en un ambiente donde predomina la polución del aire cuya principal fuente de emisión es la combustión de leña?, ¿son realmente comparables las presentaciones clínicas de COVID-19 en poblaciones expuestas a diferentes tipos de material particulado suspendido en el aire?, ¿es posible que la exposición crónica a la que han estado expuestos los habitantes de La Araucanía durante los últimos años haya determinado una disminución en la capacidad de respuesta inmune contra la infección, un tipo de “impronta”?, ¿han sido efectivas las políticas en salud pública implementadas en el sur de Chile en términos de prevenir epidisodios de polución del aire?.

Lo único claro es que los antecedentes obtenidos a la fecha subrayan la importancia de reforzar y hacer cumplir las regulaciones existentes respecto a la polución del aire para proteger la salud humana durante y después de la crisis COVID-19, especialmente en las condiciones actuales: días de otoño, en cuarentenas y próximos a los fríos del invierno.

Por último, y para la reflexión, creo pertinente compartir lo que afirma David Wallace-Wells en su libro “El Planeta Inhóspito” respecto a una situación que no es ajena a lo que está ocurriendo: “… actualmente el impacto de cada enfermedad tiene límites acotados, sin embargo, el calentamiento global alterará ecosistemas, lo cual implica que contribuirá a que las pandemias rebasen esos límites”.

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