Opinión

Por Carmen Márquez Ramos, académica de la Facultad Eclesiástica de Teología PUCV.

Como ciudadanos debemos ser socialmente responsables siempre, desde el momento en que habitamos esta realidad junto con otros. Vivimos en comunidad, no estamos solos, y dependemos de muchas personas en distintos momentos.

Agradecemos especialmente en esta pandemia de coronavirus a quiénes trabajan en el rubro alimenticio y a los profesionales de la salud, quienes nos ayudan a sanarnos en caso de enfermar por ejemplo. Ellos no pueden permanecer en cuarentena, ya que los necesitamos más que nunca.

Asimismo, los jóvenes universitarios, como miembros de una sociedad, de un barrio, de una familia y parte importante de un espacio de aprendizaje privilegiado, pueden aportar en esta crisis sanitaria que estamos viviendo, desde la generosidad del autocuidado y protección de los otros, o en la posibilidad de pensar un mundo mejor, adquiriendo y profundizando diversos saberes, que les permitan ser un aporte constructivo y positivo ante la realidad que experimentamos hoy.

Los jóvenes pueden ser un signo de esperanza, de co-transformación, aprendiendo a ayudar a otros, que se encuentren en peores circunstancias y que no reciban ni tengan ningún tipo de apoyo. Cada uno desde el lugar que habita puede servir con un gesto, un acto, una sonrisa, una mano o palabra de ánimo para mejorar este espacio.

Entonces en este nuevo contexto de pandemia nos preguntamos ¿existen formas online para que los estudiantes puedan aplicar la metodología de Aprendizaje y Servicio o esta debe ser únicamente presencial?

La metodología Aprendizaje y Servicio, no es por si sola posible, dependerá de quienes ejerzan y realicen las acciones de servicio a una comunidad o grupo humano en particular, obedece a quienes deciden poner sus saberes, capacidades y tiempo en movimiento en pro del bienestar de otros, para mejorar de manera concreta la calidad de vida. Por tanto, es una metodología profundamente humanizante, dado que promueve el disponernos interiormente en una actitud de servicio permanente hacia los demás, finalmente hacia aquellos que nos rodean. En este sentido, estando en cuarentena, podríamos pensar creativamente en cómo brindar un aporte concreto a la comunidad, buscando solucionar problemáticas que se estén enfrentando hoy, barajando cómo en la medida de lo posible, en la realidad y la virtualidad, se pueden intentar resolverlas.

Creo que es posible en este sentido generar, a partir de la expertise de cada grupo humano, el buscar las formas de colaborar en la solución de ciertas problemáticas que esté afrontando una comunidad, como por ejemplo, desde las carreras de informática en la creación de programas que faciliten los aprendizajes de estudiantes de enseñanza media o básica; en las carreras del área de la salud, que se pueda realizar algún tipo de acompañamiento a personas que se encuentran solas; con clases de educación física para niños, adultos y jóvenes en casa; carreras de literatura y párvulo que organicen ciclos de cuenta cuento online; carreras como música que generen programas culturales para entretenimiento familiar en casa; etc.

En estos tiempos difíciles para el mundo todos estos aprendizajes múltiples y significativos, que se ponen al servicio de otros seres humanos, desde la gratuidad y generosidad, son los milagros que nos dan esperanza e invitan a seguir adelante.

Recordemos estas palabras del Papa Francisco en la Semana Santa pasada: “La tragedia que estamos viviendo nos anima a tomar con seriedad las cosas que lo son y no quedarnos atrapados en las que importan menos; a redescubrir que la vida es inútil si no se usa para servir a otros, ya que la vida se mide por el amor”.

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